PRÓLOGO PARA EL LIBRO SOBRE TIMONEDA, DE JOSÉ ANTONIO GARZÓN

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Rafael Solaz Albert, bibliófilo.

 

“En la historia, no sólo cabe todo, sino que es necesario todo, para conocer como fue realmente el pasado, en sus grandezas y sus debilidades. Sólo una restricción se impone al historiador: no ocultar la verdad.” (José Deleito y Piñuela)

 

“NODIMATE”

Del juego de damas se decía, gratuitamente, que su origen era francés, aportando pruebas bastante débiles que posteriormente quedaron totalmente descartadas y fuera de contexto histórico. Desde el siglo XVII, en España, diversos expertos en literatura señalaban a Antonio de Torquemada como el autor del primer tratado mundial conocido del juego de damas. Se trataba del Libro llamado ingenio, el qual trata del juego del Marro de punta, impreso en Valencia en 1547.

Pues bien, José Antonio Garzón autor del libro que ahora presentamos, tras años de concienzuda investigación, nos aporta nuevos y sorprendentes datos que aclaran y prueban documentalmente la confusión bibliográfica en torno a la autoría del Ingenio hasta ahora atribuido al citado Torquemada. Garzón demuestra quien fue en realidad el verdadero autor de esta obra: el prolífico escritor, librero y editor valenciano Juan de Timoneda[1], que llegó a firmar algunas de sus obras combinando las letras de su apellido para crear los anagramas Diamonte[2] y Montidea[3].

Pero vayamos por partes. Los antecedentes de la investigación de Garzón para el presente libro, que acertadamente edita el Ajuntament de València, habría que buscarlos a partir de su obras En pos del incunable perdido (Biblioteca Valenciana, 2001), a la que siguió El regreso de Francesch Vicent (Generalitat Valenciana, 2005). Ambas tratan sobre el nacimiento del ajedrez moderno y su apasionante evolución  tras el incunable Llibre dels jochs partitis dels schachs (Valencia, 1495), cuyo autor fue el segorbino Francesc Vicent. En ambos libros ya se aportan pruebas contundentes sobre el origen del ajedrez, con nuevos descubrimientos que hicieron reescribir la historia del nacimiento y expansión del juego. Por otro lado, había aparecido y se había divulgado el manuscrito Scach d’amor (ca. 1470), considerado como el más antiguo tratado de ajedrez moderno, ya que contaba con la presencia, por primera vez, de la gran dama o reina, descubrimiento que aportaría y reafirmaría la legitimación del origen valenciano.[4]

Entre los muchos apuntes que propiciaron la investigación aparecían indicios sorprendentes de la conexión entre el juego del ajedrez y el de las damas, y que la primera generación de damistas utilizó un lenguaje ajedrecístico con idéntica similitud al de las damas. Y estos datos a Garzón -quien tan bien conozco- no le dejaron indiferente. Había desempolvado manuscritos e incunables, examinado portadas, desmenuzado páginas, analizado y componiendo diagramas de uno y otro juego, jornadas enteras que le robaban el sueño, surgieron tantos indicios que, finalmente, le llevaron a seguir un camino de investigación sobre aquel juego llamado Marro de punta, posteriormente conocido como de damas y su relación con el inagotable Timoneda.

Entre tanto, otro magnífico estudio, La reina Isabel la Católica: su reflejo en la dama poderosa de Valencia, cuna del ajedrez moderno y origen del juego de las damas, (Generalitat Valencia, 2004), obra del perseverante y concienzudo Govert Westerveld –a quien con justicia va dedicado el presente libro- irrumpió con fuerza para reafirmar, como su título indica, el origen valenciano del ajedrez y el de damas. El autor, reconocido investigador hispanista, aportaba pruebas y conclusiones que así lo indican, además de relacionar rigurosamente la aparición de la gran dama en el tablero, coincidiendo con la presencia histórica de la reina Isabel la Católica. También Garzón participó en este estudio con capítulos que, fruto de sus investigaciones, aportaban nuevos datos sobre los juegos de ajedrez y damas.

Puestos a ustedes en antecedentes desarrollemos ahora el contenido del presente libro de José Antonio Garzón, Luces sobre el Ingenio, el pionero libro del juego llamado Marro de punta, de Juan de Timoneda.

Parece inverosímil que en tan condensada obra se concentren tantas pruebas, algunas  contundentes, todas ellas encaminadas a demostrar fehacientemente que Juan Timoneda, en 1547, publicó en Valencia el primer libro en el mundo sobre el marro de punta o juego de damas. Para ello se aportan documentos decisivos sobre el nacimiento del juego en los últimos años del siglo XV, se describe la primera partida realmente jugada, el primer duelo entre damistas, se da a conocer tres nuevos manuscritos sobre el juego de damas, se aclara el misterio que rodea al autor llamado Valle -que nunca existió-, se reproducen páginas y diagramas originales del Ingenio de Timoneda, se describen y analizan varias obras sobre el juego de damas hasta 1650, y aparecen autores, como el propio Timoneda, Pedro Ruíz Montero, Lorenzo Valls, Juan García Canalejas y los tres nuevos manuscritos de Cavello, Alonso Guerra o el anónimo Los Quadernos. Salen a la luz los nombres de jugadores de España y se presenta la época de máximo esplendor del juego que, según Garzón, coincide en la primera mitad el siglo XVII.

Garzón tiene una dualidad que le facilita, y mucho, la investigación en este tipo de obras: la constancia de un historiador y el experto ajedrecista con amplio conocimiento de la técnica, facultad que no poseen otros investigadores que quisieran ahondar en este tipo de estudios. Por eso él contrasta diagramas, analiza las partidas, recompone y estudia la posición de las fichas en el tablero, las salidas, además de los adornos tipográficos y las xilografías, todo lo estudia y compara para demostrar sus exactas conclusiones.

También muy interesantes y fundamentales son los tres anexos del libro: la página original del Ingenio de Juan de Timoneda, el reglamento original del nuevo juego llamado en Valencia marro de punta y un glosario –jamás descrito- de términos técnicos utilizados en los primeros libros y manuscritos del juego del ajedrez y de las damas, todo ello con la metódica rigurosidad en las citas, y la interesante bibliografía que el autor siempre acompaña en todos sus estudios.

Si Garzón puso patas para arriba la historia del ajedrez moderno, esta obra modifica totalmente la bibliografía del propio Timoneda y, en general, la de damas, probando además el vínculo del origen valenciano del ajedrez y su íntima conexión con el nacimiento del juego de damas, que en su día se llamó marro de punta, una denominación de origen genuinamente valenciana.

Nodimate. Al César lo que es del César.



[1] Juan de Timoneda durante su juventud trabajó como assaonador (zurrador de pieles), profesión que alternó con la de librero. Posteriormente se dedicó de lleno al universo del libro, siendo autor y editor, uno de los principales introductores de la lengua castellana en el ámbito cultural valenciano y también escribió varias obras en la lengua vernácula como canciones, cuentos misteris o poemas. Quizá el ser librero y editor le influyó el escribir un tipo de literatura llamada de consumo; bien fuese autor o traductor encaminaba las obras a su carácter comercial. Incorporó a la literatura castellana el cuento corto de tradición italiana. Fue en el género dramático donde Timoneda alcanzó una mayor resonancia escribiendo obras de teatro profano, jovial y populista, alternado con otro de obras religiosas. A falta de una bibliografía más estudiada, se consideran como algunas de sus obras más relevantes: Sarao de amor, Enredo de amor, El Patrañuelo, El sobremesa y alivio de caminantes, Turiana, Ternario Espiritual, La oveja perdida, Timón de tratantes o Flor d’enamorats, entre otras.

[2] Juan de Diamonte es el nombre con el que firmó varias comedias, tragicomedias, pasos y farsas que fueron recopiladas en un volumen con el título de Turiana.

[3] Como Baptista Montidea firmó el cancionero Billete de amor.

[4] En septiembre del 2009 se celebró en Valencia el Simposio Internacional “Valencia cuna del ajedrez moderno”, en el que tuvo lugar un match entre los campeones Karpov y Kasparov. Las diferentes ponencias fueron encaminadas hacia la certificación definitiva y contundente del origen valenciano de este juego ya descrito en el último tercio del siglo XV.

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