LA ESTATUA DEL REY EN JAUME Y LOS CAÑONES DE PEÑÍSCOLA (Diario Levante EMV)

LA ESTATUA DEL REY EN JAUME Y LOS CAÑONES DE PEÑÍSCOLA (Diario Levante EMV)

En 1875 surgió la idea de solicitar al Ayuntamiento de Valencia la erección de un monumento dedicado al rey Jaume I que conmemorara la conquista de la ciudad y reino, además de solemnizar el sexto centenario de su muerte. Fue merced a una tertulia a la que asistían diversos representantes de las Artes y las Letras.

Valencia carecía de estatuas civiles, exceptuando la de Carlos III, y en bronce tal vez sólo se hallaba la de San Martín a la puerta de la parroquia de su nombre. Además, en la ciudad sólo existía una pequeña calle que recordara al monarca. Eran argumentos suficientes para que cuajara la idea. En junio de 1876 se nombraron comisiones formadas por concejales, varios miembros de la cultura valenciana y directores de diversos periódicos locales entre los que se encontraba El Mercantil Valenciano.

Para sufragar los gastos el Ayuntamiento acordó consignar un presupuesto de quince mil pesetas, pero no pudo cumplir lo prometido y se estableció, primero, una suscripción popular en la que no se recogieron apenas fondos y, después, una rifa-tómbola establecida desde 1876 a 1883 que obtuvo buenos resultados: más de 50.000 pesetas de la época. Tras seis años de cansancio e inactividad, el proyecto volvió a retomarse en 1879. Con los fondos recaudados, la Junta acordó construir el pedestal de piedra según proyecto del arquitecto Vicente Constantino Marzo. Su altura de siete metros y medio costó 46.733 reales, poco más de once mil pesetas. Este pedestal fue el señuelo para de nuevo establecer la tómbola. A su alrededor se reunían y jugaban gran cantidad de niños.

Poco más tarde se decidió emprender la estatua. Tras el pertinente concurso se presentaron artistas como Moltó, Yerro, Gilabert, Santigosa y Aixa, pero no acabaron de gustar sus proyectos. La comisión acabó por encargar el monumento a los hermanos Venancio y Agapito Vallmitjana, famosos artistas catalanes. Firmado el contrato, se dispuso el tamaño de la escultura que debía ser realizada en madera, estar acabada en dos años, con un coste establecido en 50.000 pesetas. Venancio renunció a sus derechos y fue su hermano Agapito quien aceptó las condiciones.

El primitivo boceto realizado en cera sufrió varias modificaciones hasta llegar a la conformidad de todos. Vaciado el modelo en yeso fue enviado al Museo Provincial de Valencia.  El original de madera tuvo que ser fragmentado para su traslado a Valencia en ferrocarril.

Para su fundición en bronce el Ayuntamiento solicitó al Gobierno el metal necesario para su construcción. Fueron concedidos cinco cañones y un obús procedentes del castillo de Peñíscola, con antigüedad de entre el siglo XVIII y principios del XIX, con curiosos nombres como El ciudadano, El Castrioto, El Anaxágoras o El Malbruch, casi todos fundidos en Sevilla. Fue laborioso su traslado realizado con un carro de la Artillería tirado por diez caballos.

De entre los varios fundidores que acudieron al concurso fue La Maquinista Valenciana, de Francisco Climent, quien se comprometió a fundir la estatua por 30.000 pesetas, con una aleación de 914 milésimas de cobre, 57 de cinc, 19 de estaño y 15 de plomo. Los cañones llegaron a valencia el 27 de enero de 1887, y el modelo de la estatua el 10 de agosto del siguiente año. La fundición se realizó felizmente el 17 de abril de 1890, pesando un total de once mil quinientos kilos. En la parte delantera se colocó el escudo de la Generalitat y en la parte trasera el escudo de la ciudad, relieves que fueron realizados por el escultor José Aixa. A ambos lados del pedestal se colocaron las inscripciones que recordaban la entrada en Valencia de las huestes de Jaume I.

La noche del 31 de diciembre la estatua fue transportada a los jardines del Parterre de la plaza del Príncipe Alfonso, sobre una plataforma con pequeñas ruedas y muelles fabricados para la ocasión. Fue arrastrada por un rulo de vapor, y el 12 de enero de 1891 sería colocada definitivamente sobre el pedestal.

La inauguración tuvo lugar el 20 de julio, incluyéndose como uno de los actos de la Feria bajo la presidencia del entonces alcalde José Sanchis Pertegás. Habían pasado casi dos décadas desde el nacimiento del proyecto hasta la erección definitiva. A principios del siglo XX, todos los nueve de octubre, auspiciados por sociedades valencianistas comenzarían los actos festivos que incluían la ofrenda floral a los pies del monumento y diversos parlamentos, con presencia de la Senyera Real, una manifestación cívica que perdura formando parte de los actos del Nou d’Octubre, día de la Comunitat Valenciana.

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