La dona valenciana de Rafael Solaz

fotógrafo Miguel Ángel Montesinos

Durante más de un año ha estado seleccionando las que tienen como protagonista a la mujer y constituyen un testimonio real de la evolución que ha logrado en este tiempo, aunque le falta tanto por conseguir en la soñada igualdad de género.

Más la circunstancia literaria obliga a dejar la polémica y sonreír ante aquellas jóvenes que únicamente aspiraban a la boda y a la maternidad. La crónica visual que Rafael Solaz ofrece es un mundo que abarca el mismo detalle de la vida de la mujer burguesa que la trabajadora, la artesana o las que deseaban ingresar en una oficina tras el dominio de la mecanografía y taquigrafía en las últimas décadas.

Según el diario Las Provincias. Son muchas pero no todas. Forman parte de la historia, aunque la mayoría de sus nombres nunca llegarán a plasmar las páginas de los libros. Pertenecen a clases sociales distintas, muestran momentos íntimos aunque otros también son ceremoniosos. De luto, riendo, fumando, de fiesta o trabajando. Mujeres mayores, jóvenes en la flor de la vida o niñas vestidas de fallera. La existencia de las mujeres que se recopila en el libro de instantáneas ‘La dona valenciana 1870-1970. Fotografies de la col.lecció de Rafael Solaz‘ (ROM Editors) es la historia de la evolución femenina en la Comunitat durante en un siglo.

Porque si algo ha obsesionado al bibliófilo y coleccionista valenciano Rafael Solaz ha sido el hecho de seleccionar entre las más de 10.000 fotografías antiguas de su archivo aquellas que mejor mostraran la vida de féminas como su propia madre -que también aparece retratada- que, simplemente, intentaron vivir acorde a los tiempos que les tocaron.

Por ello, este reciente volumen refleja a la mujer valenciana en todos los ámbitos de la vida cotidiana, social y laboral durante cien años. Ordenadas de forma cronológica, las 225 instantáneas antiguas de este ejemplar intenta dar una visión histórica, que «huye de los tópicos feministas», asegura el editor del ejemplar, José Manuel Romeu.

En este sentido, por estas páginas desfilan mujeres de la burguesía, ataviadas con los impresionantes vestidos de finales del siglo XIX. También amas de casa que viven y trabajan en el campo, las primeras osadas que decidieron ponerse un traje de baño e ir a la playa, las niñas que buscaban imitar a sus madres, abuelas e, incluso, a algunas de las artistas de la época como la valenciana Concha Piquer, de la que también hay un retrato en estas páginas.

Sin embargo, el archivo de Solaz también es el reflejo de cómo la mujer se incorporó a la vida laboral. Se pueden ver las primeras oficinistas que trabajaban escribiendo a máquina ya entrados los años 60 del pasado siglo y las que se pusieron detrás del mostrador, sobre todo en los comercios que vendían alimentación. Aunque ‘La dona valenciana’ es también todo un escaparate de la moda que vestían nuestras antepasadas. Desde vestidos de novia, trajes regionales e, incluso, la indumentaria valenciana -no «confundir con la de fallera», advierte Solaz- se convierte en todo un ejercicio de memoria para analizar cómo los cambios sociales y, sobre todo, la llegada de la liberación femenina, acortó centímetros a las faldas, dejó en el olvido vestidos vaporosos y complementos pesados para dar paso a ropas más ligeras y modernas.

Muchas de estas ‘dones’ fueron retratadas por fotógrafos anónimos. Normalmente, para inmortalizar momentos familiares. Otras, sin embargo, pasaron por el objetivo de Antonio García, Derrey, Novella, Barberá Masip, Sanchis, Utrilla y Escuder. «Llama la atención la poca presencia de fotógrafas valencianas, a excepción de ‘Ludovisi y su Señora’ (así firmaba este matrimonio sus fotografías) y la ‘Viuda de Pomares’, ambas señoras sin tan siquiera figurar su nombre», cuenta.

«Aún queda camino por recorrer», argumenta Solaz, quien no ha querido hacer un libro que tenga una lectura política. «Simplemente, es un retrato de un siglo en el que se ve la evolución de mujeres anónimas que forman parte de nuestra historia. Son esas mujeres que pelearon por sus derechos», afirma. Aparte de a su madre, Solaz dedica el libro «a todas las mujeres, trabajadoras, luchadoras, incansables, imprescindibles, esa parte maltratada del retrato de todos nosotros». Toda una crónica visual de la vida de muchas valencianas que invita a la reflexión y de la que surge un interrogante: ¿Qué tipo de instantáneas verán las nuevas generaciones de la mujer del siglo XXI?

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